Por Matías Loewy

Cáncer de riñón: del impacto a la esperanza

“Hace varios años, mientras atendía mi farmacia, entraron ladrones. Me robaron y también me lastimaron. Caí muy mal al piso y quedé muy dolorido. Vino emergencias, me llevaron al hospital y después de hacerme una resonancia magnética me dieron dos noticias: la buena era que no tenía ningún hueso roto. La mala, que tenía una masa en el riñón derecho, del tamaño de tres bolas de golf. Así me enteré de que tenía cáncer de riñón”.

El relato de Charlie Smithgall, un farmacéutico estadounidense de 73 años que hace dos debió someterse a cirugía y tratamiento con posterior con inmunoterapia ilustra de manera clara la forma en la que la mayoría de las personas descubren que tienen un tumor renal maligno: en forma accidental.[1]

 

En muchos casos, los hallazgos son fortuitos, explica el doctor Rubén Kowalyszyn, jefe de oncología clínica del Hospital Regional de Viedma, Río Negro. “Por ejemplo, la persona consulta por dolores abdominales, le hacen una ecografía y ahí se detecta el tumor en el riñón”, que no tenía ninguna relación con los síntomas gastrointestinales, agrega. Esos cánceres renales descubiertos de forma casual, a menudo con tamaños que rondan entre 1 y 2 cm, representan alrededor del 20-30% del total que se diagnostica.

Pero la inesperada mala noticia puede ser, en algún sentido, buena, porque esos tumores pequeños de riñón se pueden quitar con cirugías cada vez menos invasivas, antes de que una proporción de ellos crezca y se disemine. Y aunque todo diagnóstico de cáncer produce angustia, miedo o un “tsunami emocional”, como lo describen algunos especialistas, también es cierto que es un tipo de tumor que afecta un órgano par, lo que implica una especie de “backup” que facilita su extirpación (parcial o total).

 

Por otra parte, durante los últimos 15 años, hubo una serie de adelantos científicos e innovaciones farmacológicas que han permitido obtener resultados positivos impensados, incluso en estadios avanzados. Un horizonte promisorio donde antes solo parecía abrirse un abismo. “Ha habido grandes hitos que favorecen muchísimo a los pacientes y que permiten ser más optimistas”, afirma el doctor Matías Chacón, expresidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica.

Cuando prestar atención

La referencia más temprana que sugiere la existencia de un tumor en el riñón data de 1613 y es del médico y alquimista alemán Daniel Sennert (1572-1637). En su obra Practicae Medicinae, Sennert describió la enfermedad de un riñón hinchado y endurecido, como “un mal capaz de llevar a la persona a un estado de caquexia extrema, en su mayor parte incurable”.[2]

Hoy, más de cuatro siglos después, es mucho más lo que se sabe sobre el tema. Y si bien en algunos casos el problema puede pasar completamente desapercibido, en muchos otros sí aparecen algunos indicadores de la posible presencia de la enfermedad.

Al contador Barry Taitelman, de 55, gerente de una compañía en Pensilvania, Estados Unidos, la enfermedad se le presentó cuando acababa de convertirse en abuelo y se sentía muy feliz. “Era el otoño de 2015 y yo venía perdiendo peso con una dieta –recuerda-. Pero en determinado momento empecé a adelgazar más de lo esperado y un día, en mi trabajo, noté sangre en mi orina, algo que jamás me había ocurrido. Fui enseguida al urólogo. Una tomografía mostró un tumor del tamaño de una naranja en mi riñón izquierdo”.

Un adelgazamiento sin motivo, hallar sangre o una alteración del color en la orina pueden ser indicadores de cáncer de riñón, como así también un bulto en el abdomen o el costado, dolor de espalda, estar inapetente y sentirse cansado, tener fiebre, sudores nocturnos, anemia, presión alta y niveles elevados de calcio en sangre. [3] Un aspecto que conspira contra de la detección precoz es que muchas veces los tumores alcanzan cierto tamaño sin causar dolor u otras dificultades[4], hasta que, por ejemplo, empiezan a comprimir las vías urinarias o se diseminan.

Pero, felizmente, el cáncer de riñón o cáncer renal no es tan frecuente como otros. En un blog de internet especialmente dedicado a recopilar personajes famosos que hayan tenido cánceres se incluyen varios cientos de figuras que sufrieron tumores de mama, pulmón, colon o leucemias. Pero para tumores de riñón sólo hay cinco ejemplos. Uno de ellos, el conocido actor Albert Finney, cinco veces nominado al Oscar, cuya última película fue “El Legado de Bourne”, en 2012 y quien, pese a su enfermedad, vivió una vida larga y murió a los 82 años. [5]

En la mayoría de los casos, el cáncer de riñón se presenta entre los 50 y 70 años, y difícilmente aparece antes de los 45. Una excepción notoria ha sido la del futbolista Óscar Sánchez, excapitán de la Selección de Bolivia, quien falleció por esa causa a los 36 años en 2007.

No está claro su origen, pero sí se conocen algunos factores de riesgo: los hombres están tres veces más expuestos que las mujeres. También influyen la obesidad y el consumo sostenido de diuréticos y analgésicos como la aspirina y el ibuprofeno. Otro factor de riesgo es la exposición sostenida a contaminantes como el cadmio y el amianto, así como la presencia de antecedentes familiares de cáncer de riñón (las personas que tienen familiares de primer grado con cáncer de riñón, como padres, hermanos o hijos, tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Este riesgo aumenta si a otros miembros de la familia extendida se les ha diagnosticado cáncer de riñón, incluidos abuelos, tíos, sobrinos, nietos y primos, y si el diagnóstico fue antes de los 50 años de edad, si tenían cáncer en ambos riñones y/o si han tenido más de un tumor en el mismo riñón). Ser negro e hipertenso suma puntos en contra, al igual que el tabaquismo, que duplica la posibilidad. Fumar causa el 25 % de los cánceres de riñón en las mujeres y el 30% en los hombres. [6]

Como es un cáncer poco frecuente, no existe un método de tamizaje o exámenes regulares en población de determinada edad para la detección precoz, como si ocurre, por ejemplo, con los tumores de mama o colon.

Diagnóstico de situación

Es natural no pensar en el riñón porque es una máquina “invisible” eficiente que mide apenas 12 cm de largo y 6 de ancho y pesa entre 150 y 170 gr promedio en un adulto. Nuestro organismo cuenta con dos riñones que, silenciosamente, cumplen con la misión principal de filtrar todas las sustancias que el organismo deshecha a través de la orina. No menos importantes son, entre otras, su participación en la fabricación de los glóbulos rojos, la regulación de la presión arterial o el metabolismo del calcio y la vitamina D.

En 2005, Raúl de Molina, un famoso presentador del programa “El Gordo y la Flaca” que emite la cadena Univisión en Estados Unidos desde hace más de dos décadas, tenía mucho dolor en un costado. Luego de varios días fue al médico, le dio un calmante, y el dolor pasó. Pero algunas noches más tarde, volvió a sufrir un dolor lacerante, que lo puso directamente camino al hospital. Primero le hicieron una resonancia magnética; al rato repitieron el examen, pero con contraste líquido intravenoso, y pocas horas después le dijeron que tenía un tumor renal.

Primero se barajó la posibilidad de operarlo en ese mismo momento. Pero finalmente la cirugía fue cerca de un mes más tarde: le extirparon el riñón enfermo y siguió adelante con su vida, sin tratamiento posterior. Hoy, 15 años después, dice que fue un trance duro, pero que lo pasó airoso.

Para diagnosticar un cáncer de riñón pueden pedirse varios exámenes. La palpación puede no ser muy útil porque estos órganos están profundamente ubicados y difícilmente se los percibe en forma directa, aunque pueden existir bultos que puedan palparse con más facilidad.

Un recuento completo de sangre y una citología de orina, radiografía, ecografía, resonancia magnética y tomografía (en estos dos últimos casos, con o sin contraste por vía intravenosa) son opciones diagnósticas. Una angiografía puede recomendarse también para estudiar las arterias del riñón y comprobar si hay nuevos vasos que alimenten un posible tumor. [7][8]

 

Contrario a la mayoría de los otros tipos de cáncer, a veces no es necesario realizar biopsias para diagnosticar tumores del riñón. En algunos casos, los estudios por imágenes pueden proveer información suficiente para que el cirujano decida si se necesita o no una operación. Entonces, el diagnóstico se confirma cuando parte del riñón que fue extirpado se examina en el laboratorio.

Puede que se haga una biopsia para obtener una pequeña muestra de tejido de un área que pudiera ser cáncer, cuando los estudios por imágenes no son suficientemente concluyentes para permitir la cirugía

 

La hora del identikit

Para determinar el estadio de un cáncer de riñón, se utilizan tres indicadores: la T, que representa el tamaño del tumor; la N, que indica si se ha extendido a algún nódulo o ganglio linfático y la M, que representa o no la existencia de metástasis. Ese trabajo lo hace el patólogo, quien recibe el tumor operado, lo mide y lo observa al microscopio.

Los tumores de riñón pueden clasificarse en 4 estadios. El estadio 1 es cuando el tumor mide menos de 7 cm y se limita al riñón. En el estadio 2, el tumor, es mayor de 7 cm, pero aún limitado al riñón. En el estadio 3  el tumor ha invadido zonas adyacentes al riñón, pero no afecta a órganos distantes. Puede haberse extendido por el tejido adiposo perirrenal, la vena renal o los ganglios linfáticos cercanos Y en el estadio 4, se ha extendido considerablemente fuera del riñón: a la cavidad abdominal, las glándulas suprarrenales, los ganglios linfáticos distantes u otros órganos como los pulmones,el hígado, los huesos o el cerebro.[9] También puede ser entendido como “localizado”; “regional” o “localmente avanzado”; y “metastásico” o “distante”.[10]  Según datos del registro SEER de Estados Unidos entre 2005 y 2011, los tumores localizados representan el 65% de los que se detectan en ese país; los regionales, el 16%; y los distantes, otro 16%[11].

El análisis al microscopio determina la “histología” del tumor: en el 70-75% de los casos, lo originan las llamadas células “claras”.

El cáncer renal también se clasifica según el grado, que define la agresividad del tumor. Si las células cancerosas se ven uniformes y bien organizadas bajo el microscopio, será un tumor de bajo grado (poco agresivo). Si, en cambio, aparecen muy desorganizadas y de diferente tamaño será de alto grado (más agresivo). Para este cáncer se ha utilizado durante varias décadas un sistema de clasificación elaborado por la patóloga Susan Fuhrman en 1982, que va del 1 al 4 en función de la anormalidad de las células[12], aunque ahora existe una versión más moderna conocida como WHO/ISUP. 

Existen diferentes  tipos de cáncer de riñón. El más común es el carcinoma de células renales, que representa el 85% de los casos. Entre el 5 y 10% de los casos se trata de cáncer urotelial o de células de transición. Comienza en una zona en la que se acumula orina antes de llegar a la vejiga, llamada “pelvis renal” y se trata como el cáncer de vejiga porque comparten células de inicio. El sarcoma es una forma muy rara y el tumor de Wilms el que se presenta con más frecuencia en los tumores renales infantiles, cuya proporción, felizmente, es muy baja (menos del 1% de los casos). [13]

¿Cuánto se sobrevive a un cáncer de riñón? Mucho. La tasa de supervivencia a los 5 años es del 75% en promedio, pero asciende al 93% cuando el cáncer está localizado en el riñón. En los últimos años se han sumado cada vez más y mejores tratamientos para cánceres avanzados o con metástasis, y eso aumenta la sobrevida de las personas aun si fueron diagnosticadas tardíamente. [14]

En los Estados Unidos, desde 2008 a 2017 la mortalidad por cáncer de riñón fue disminuyendo un 1% año tras año. [15]Efectivamente, la sobrevida de los pacientes es una variable que va mejorando: según la Sociedad Española de Oncología Médica, en los últimos 15 años, la mediana (una medida estadística más fiel que el promedio) de los carcinomas de riñón avanzados tenían una supervivencia de medio año, cuando hoy superan los 30 meses. [16]

 

Los pacientes tienen la palabra

Para conocer mejor cómo enfrentan el diagnóstico y viven las personas con esta enfermedad, la Coalición Internacional de Cáncer de Riñón realizó un estudio sobre casi 2000 pacientes de 43 países. En el momento de recibir el diagnóstico, el 43% dijo no entender la clasificación de su tumor; un 28% no comprendía el riesgo de recurrencia; un 25% no tenía en claro sus probabilidades de sobrevivir y ni las distintas opciones terapéuticas (21 por ciento).

El 92% de los pacientes dijo haber sentido un impacto físico negativo después del diagnóstico inicial. El 66% experimentó fatiga y entre el 31 y 33% sufrieron insomnio, debilidad muscular y cambios en el funcionamiento intestinal.

El 96% de ellos también dijeron haber sentido consecuencias psicológicas negativas luego de saber que tenían este cáncer. Un 60% había sufrido cuadros de ansiedad; un 50% temor a una recurrencia (recaída) y un 44% miedo a morir.

Por otra parte, el 70% de los pacientes que respondió este ensayo global nunca había sido invitado participar de un estudio clínico (por ejemplo, para probar nuevas drogas), pero un 89% de ellos indicó que hubiera aceptado, de haberse presentado la oportunidad. [17]

La conclusión es clara: el diagnóstico y tratamiento del cáncer renal, como ocurre con otros tumores, expone al paciente a un intenso estrés psicosocial que debe ser identificado y abordado de manera precoz por profesionales especializados, de modo tal de preservar la calidad de vida y aumentar las probabilidades de éxito del tratamiento.

Dónde y cuántos

Según datos de GLOBOCAN, el atlas internacional del cáncer de la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC), en 2018 hubo 403.262 nuevos casos de cáncer de riñón en todo el mundo. Ocupa la 14ª posición en el listado de todos los cánceres (un poco más arriba de la mitad) y el 16ª en cuanto a mortalidad, con 175.098 casos fatales para ese mismo año (un poco más debajo de la mortalidad global).

La mayor incidencia (nuevos casos) se registra cada año en Asia, con casi el 37% de los nuevos diagnósticos. Le sigue de cerca el continente europeo (casi 34%). Luego Norteamérica (16,7%) y América Latina, con 7,9 por ciento. Siguen, con porcentajes menores, Africa y Oceanía. El cáncer renal representa el 2,4% de todos los nuevos cánceres que se registran cada año en el mundo.

También en mortalidad encabeza la lista Asia, pero representa el 45% de las muertes, en tanto Europa el 31%, Norteamérica el 9.9% y América Latina el 7,9%. La incidencia mundial (nuevos casos) ha ido aumentando desde la década de 1970, pero la mortalidad se ha mantenido estable desde los años 90 en adelante.

En la Argentina, se diagnostican casi 5.000 nuevos casos de riñón cada año, y a diferencia de lo que ocurre en mundo, es el quinto tumor maligno más frecuente, luego del cáncer de mama, colon, próstata y pulmón. Es un cáncer que se cobra 2.300 vidas por año: es el 3,4% de las muertes por cáncer, cuando el tumor de pulmón, el que más vidas se lleva, representa el 15,5% de mortalidad y el de colon, que le sigue, el 10,8 por ciento. Además, proporcionalmente es mayor aquí la mortalidad que el promedio del mundo (3,4 vs. 2,4 por ciento).

Uno de cada 20 casos, aproximadamente, puede tener origen genético. El síndrome de von Hippel-Lyndau, una rara enfermedad causada por la mutación hereditaria del gen VHL (que codifica una proteína que actúa como supresor tumoral), es el que con mayor frecuencia se asocia a este cáncer[18]: alrededor de un 40% de los pacientes desarrollan un cáncer renal.

 

Tratamientos a medida

Como ocurre con otros cánceres, el tipo de tratamiento va a depender mucho del estadio en el momento del diagnóstico. El primer abordaje terapéutico efectivo documentado en la historia es la cirugía, en 1887, cuando el cirujano austrohúngaro Vincenz Czerny realizó la extirpación parcial del riñón en un paciente en Heidelberg, Alemania, con un tipo raro de cáncer renal, el angiosarcoma[19].

Con el progreso de la medicina, se fueron sumando otras opciones terapéuticas, un proceso que se aceleró en la última década y expandió las posibilidades de supervivencia, especialmente en aquellos tumores avanzados con metástasis.

En el siguiente apartado, se describirán de forma breve los cinco principales tratamientos estándares[20] contra el cáncer renal: la cirugía; la radioterapia; la quimioterapia; la inmunoterapia; y las terapias dirigidas a blancos moleculares.

En ocasiones, los médicos y los pacientes acuerdan llevar adelante la llamada “vigilancia activa”, un control periódico del tumor más habitual en adultos mayores y aquellos que también tienen otras condiciones médicas graves como enfermedad cardíaca o renal crónica.

En todos los casos, no hay que perder de vista la adopción de hábitos saludables que pueden favorecer el tránsito de esta etapa. Dejar de fumar, por ejemplo. O hacer actividad física moderada, que puede mejorar los resultados del tratamiento hasta en un 15%, así como reducir la fatiga relacionada con el cáncer, la ansiedad, la depresión y mejorar la calidad de vida en general[21].

Cirugía

La cirugía es el tratamiento de elección y puede tener aspiración curativa en los pacientes con tumores localizados o incluso regionales. En caso de metástasis o diseminación del tumor a otros tejidos u órganos, también se pueden operar, por lo general para aliviar síntomas.

  

Según el tamaño y localización del tumor, o el funcionamiento del otro riñón, los cirujanos planean la intervención: se puede realizar una operación que extirpe solo las células malignas dentro del riñón y algo del tejido que lo rodea (nefrectomía parcial); se puede sacar todo el riñón (nefrectomía simple); o se puede extraer tanto el riñón como tejidos y órganos adyacentes, como la glándula suprarrenal y los ganglios linfáticos (nefrectomía radical).

La intervención puede realizarse de manera convencional (abierta), o con técnicas mínimamente invasivas (laparoscopía), en las que el cirujano inserta instrumentos a través de orificios en el abdomen, incluyendo un tubo largo con una cámara que le permite visualizar el área de la operación. Esta última modalidad quirúrgica reduce el tiempo de internación y también puede ser asistida por robots.

“Las técnicas quirúrgicas mejoraron mucho y la gran mayoría de las operaciones en enfermedad localizada preservan el órgano”, explica el doctor Chacón.

En pacientes que están muy frágiles para operarse, o que prefieren evitar la cirugía, algunos centros ofrecen la alternativa de la ablación por frío (crioablación) o por radiofrecuencia del tumor, especialmente si mide menos de 4 cm.

Las personas pueden vivir con un solo riñón, incluso con la mitad o un tercio. Pero si el órgano no funciona, o lo hace de manera deficiente, el paciente puede requerir de alguna modalidad de diálisis para filtrar la sangre y eventualmente puede ser candidato para recibir un trasplante renal.

 

Radioterapia

Utiliza rayos o partículas de alta energía para matar a las células tumorales, aunque no constituye un pilar del tratamiento en este tipo de cáncer. Puede ser un complemento a la cirugía o una estrategia para aliviar el dolor o reducir el sangrado cuando hay metástasis en otros órganos.

 

Quimioterapia

Es un tratamiento que busca matar con medicación las células tumorales o frenar su multiplicación, basado en el hecho de que las células malignas se reproducen más rápido que la mayoría de las células sanas en el cuerpo. De todos modos, sus conocidos efectos adversos se deben a que no logra discriminar con total precisión unas de otras. En el cáncer de riñón, su principal aplicación es en tumores pediátricos, porque no tiene buena respuesta en adultos.

Inmunoterapia

Se basa en estimular, potenciar o redireccionar las propias defensas inmunológicas del organismo para que identifiquen, ataquen y destruyan el tumor.

Al inicio se usaron ciertas proteínas, las citoquinas desarrolladas en el laboratorio mediante técnicas de ingeniería genética, que generan un aumento inespecífico de la respuesta inmunológica y pueden usarse en para reducir el tamaño del tumor en algunos tipos de cánceres de riñón. Estos medicamentos incluyen al interferón-alfa y a la interleucina-2 (IL-2), aunque hacia 2005 dejaron de usarse.

En la vanguardia de esta categoría de medicamentos ahora están los llamados “inhibidores de puntos de control inmunológico” que intentan desarmar una estrategia normal del cuerpo para impedir que la respuesta inmune se dirija a las células sanas y que el cáncer “aprovecha” en su propio beneficio para impedir que los linfocitos T (glóbulos blancos de defensa) se alisten para matarlo.

Estos medicamentos bloquean diferentes proteínas que funcionan como “puestos de control” en los linfocitos T o en la superficie de las células tumorales, lo que logra reactivar la posibilidad de que las propias defensas tengan una acción antitumoral efectiva. Desde hace dos años, se indican como primera línea de tratamiento en cánceres avanzados.

Algunos intentan que los linfocitos T en el ganglio vayan al tumor y otros “desenmascaran” al tumor para que los linfocitos a su alrededor lo ataquen, explica el doctor Kowalyszyn. “Aumentan los soldados o se le quita la protección que había generado la célula tumoral para evadirlos”, compara el doctor Chacón.

Los “inhibidores de puntos de control” incluyen a los inhibidores de la PD-1, como pembrolizumab y nivolumab; los inhibidores de la PDL-1, como avelumab; y los inhibidores de CTLA-4, como ipilimumab.

 

Por lo general, se destinan para tratar el cáncer de riñón avanzados con metástasis. También pueden usarse en conjunto con drogas dirigidas a blancos moleculares (ver más abajo).

“Los resultados sin increíbles desde el punto de vista de reducción de tamaño de tumores y control de enfermedad por tiempos prolongados”, sostiene el doctor Chacón. “La llamada tasa de respuesta completa, con desaparición de las metástasis, puede llegar al 10%, aunque para hablar de curación necesitamos hacer un seguimiento durante más tiempo”.

Las inmunoterapias son más efectivas para los cánceres renales de células claras. Y tienen un perfil de efectos adversos mucho más benigno que otros tratamientos, aunque requieren de atención multidisciplinaria (sobre todo, cuando se administra con terapias rígidas) y en algunos casos pueden obligar a suspender o modificar el esquema.

Si los resultados son positivos, médicos y pacientes pueden acordar la interrupción del tratamiento al cabo de dos años. 

Terapias dirigidas

A diferencia de la quimioterapia, las terapias dirigidas a blancos moleculares son drogas que interfieren a escala molecular en algún proceso biológico más específico del tumor. En el caso del cáncer de riñón, bloquean principalmente el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos, un fenómeno que se llama “angiogénesis” y que favorece la irrigación (oxigenación y nutrición) de la masa tumoral, aunque algunos fármacos también pueden tener un efecto directo sobre la proliferación y supervivencia de las células malignas.

   

No es casual que, a partir de 2005, este tipo de fármacos haya probado ser efectivo para este cáncer. “El tumor de riñón está muy vascularizado, y en las células renales hay una expresión muy alta de genes vinculados con la formación de nuevos vasos”, destaca el doctor Kowalyszyn.

Por lo general, se usan de una a la vez y en cánceres avanzados, especialmente, de células claras. Varias de ellas se administran por vía oral. Algunas también pueden indicarse como tratamiento adyuvante de la cirugía en aquellos pacientes con alto riesgo de recurrencia (recaídas)

En esta categoría entran anticuerpos monoclonales, como bevacizumab; y los llamados “inhibidores de tirosina quinasas”, como sunitinib, sorafenib, pazopanib, cabozantinib, lenvatinib, axitimib. everolimus y temsirulimus.

Por lo general, son tratamientos bien tolerados, aunque también hay que estar atentos a la aparición de efectos adversos, como hipertensión, diarrea, pequeñas llagas en la boca o fatiga prolongada.  Los esquemas pueden darse durante 3 a 4 años, con interrupciones temporarias.

En la actualidad, hay mucha investigación en marcha para probar los beneficios de combinar distintos regímenes que incluyan terapias dirigidas e inmunoterapia. Por ejemplo, en 2019, la combinación de inhibidores de tirosina quinasas e inhibidores de punto de control logró una tasa de respuesta objetiva del 60%. Los autores de esa revisión afirmaron: “Aunque no inmediatamente, pero quizás en el futuro cercano, el cáncer de riñón avanzado se va a transformar en una enfermedad crónica manejable, incluso si una cura no es posible”[22].

Lo que se viene

“Mis hijos me dijeron que era la primera vez que me veían asustado”, confió a The Guardian el neurocientífico australiano Ian Chubb, vicerrector de la Universidad Nacional de Australia, después de que le diagnosticaran un cáncer de riñón avanzado en estadio 4, con metástasis en pulmón. Pero el tratamiento experimental con una combinación de inmunoterapia y una terapia dirigida tuvo resultados sorprendentes[23].

“La ciencia detrás de esos medicamentos es exquisita”, aseguró Chubb. Y la ciencia sigue empeñada en mejorar las opciones y perspectivas de los pacientes que deban enfrentar el camino del tratamiento de un cáncer renal. Según la base de datos de PubMed, que recopila trabajos en revistas científicas, las publicaciones sobre este tumor se triplicaron en dos décadas.  

Por ejemplo, hay intensa investigación para identificar biomarcadores validados que puedan orientar mejor la selección de los distintos tratamientos en función de las características del paciente y del tumor.  También hay ensayos clínicos en marcha para explorar dobles y triples combinaciones de fármacos.

Asimismo, se está ensayando un tipo de vacunas, llamadas dendríticas, que se desarrollan a partir de donantes sanos de sangre y se inyectan en el interior del tumor antes de la extirpación del riñón con el objeto de estimular la respuesta inmunológica antitumoral[24].

Hay mucho camino por recorrer, incluyendo el desafío de ampliar el acceso a las nuevas terapias, pero se dieron grandes pasos. Y se van a seguir dando. “La investigación clínica sigue siendo la mejor opción para identificar el mejor enfoque de tratamiento y aumentar la probabilidad de cura”, apunta el doctor Chacón.

En el cáncer de riñón, hasta las utopías se empiezan a redefinir como posibilidades.

 

[1] https://www.foxchase.org/patient-stories/charlie-smithgall- [2] https://pdfs.semanticscholar.org/3bdf/67f7979335e6b548c5a6f99347ad6c5caf3a.pdf - [3] https://www.webmd.com/cancer/renal-cell-carcinoma#1-3- [4] https://www.cancer.org/es/cancer/cancer-de-rinon/deteccion-diagnostico-clasificacion-por-etapas/deteccion.html- [5] https://www.ihadcancer.com/h3-blog/03-16-2017/celebrities-who-have-cancer- [6] https://www.cancer.net/es/tipos-de-c%C3%A1ncer/c%C3%A1ncer-de-ri%C3%B1%C3%B3n/factores-de-riesgo-y-prevenci%C3%B3n- [7] https://www.cancer.org/es/cancer/cancer-de-rinon/deteccion-diagnostico-clasificacion-por-etapas/como-se-diagnostica.html- [8] https://www.cancer.org/es/cancer/cancer-de-rinon/deteccion-diagnostico-clasificacion-por-etapas/como-se-diagnostica.html- [9] https://www.cancer.net/es/tipos-de-c%C3%A1ncer/c%C3%A1ncer-de-ri%C3%B1%C3%B3n/estadios- [10] https://www.cancer.net/es/tipos-de-c%C3%A1ncer/c%C3%A1ncer-de-ri%C3%B1%C3%B3n/estadios- [11] SEER Stat Fact Sheets: Kidney and Renal Pelvis http://seer.cancer.gov/statfacts/html/kidrp.html. http://seer.cancer.gov/statfacts/html/kidrp.html- [12] https://ikcc.org/kidney-cancer-fact-sheets/- [13] https://www.cancer.net/es/tipos-de-c%C3%A1ncer/c%C3%A1ncer-de-ri%C3%B1%C3%B3n/introducci%C3%B3n- [14] https://www.cancer.org/es/cancer/cancer-de-rinon/deteccion-diagnostico-clasificacion-por-etapas/tasas-de-supervivencia.html- [15] https://www.cancer.net/es/tipos-de-c%C3%A1ncer/c%C3%A1ncer-de-ri%C3%B1%C3%B3n/estad%C3%ADsticas- [16] https://www.redaccionmedica.com/secciones/oncologia-medica/la-mediana-de-supervivencia-en-cancer-de-rinon-avanzado-supera-los-30-meses-9474- [17] https://ikcc.org/wp-content/uploads/2020/05/IKCC_GPS-Fact-Sheet-FINAL.pdf- [18] https://medlineplus.gov/spanish/vonhippellindaudisease.html- [19] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18992608/- [20] https://www.cancer.gov/types/kidney/patient/kidney-treatment-pdq- [21] https://www.worldkidneycancerday.org/- [22] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31942809/- [23] https://www.theguardian.com/science/2018/jan/02/is-ian-cured-maybe-the-astonishing-cancer-treatment-of-australias-chief-scientist- [24] https://www.ascopost.com/issues/march-25-2020/off-the-shelf-dendritic-vaccine-shows-benefit-in-kidney-cancer/

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