Por Débora Plager

Hablemos sobre el cáncer de riñón, una enfermedad silenciosa

El cáncer de riñón ocurre cuando las células de un riñón, o de ambos, crecen y se multiplican en forma descontrolada, generando una masa llamada tumor. Existen muchos tipos de cáncer de riñón. El más frecuente es el carcinoma de células renales, que constituye el 80 a 85% de los casos.

 

Es importante recalcar que, en sus etapas tempranas, el cáncer renal  puede no causar síntomas; éstos en general aparecen cuando el tumor ha aumentado de tamaño, se ha diseminado y comprometido a varios órganos cercanos. Incluso si genera síntomas, éstos suelen ser inespecíficos y atribuirse falsamente a otras causas, como una infección urinaria o un dolor muscular agudo.  Por ello se le atribuye este carácter  de “silencioso”.

 

Teniendo en cuenta que se trata de un tipo de cáncer que “no avisa”, es muy importante informarse acerca de los factores de riesgo y adoptar medidas de prevención específicas.

Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de riñón son múltiples: el tabaquismo, el sexo (los varones son más propensos), la edad (aparece entre los 50 y 70 años), tener presión arterial alta (personas con hipertensión son más propensas), tener enfermedades renales crónicas, entre otros.

En cuanto a las medidas de prevención, es importante además de realizar una vez por año chequeos correspondientes con un médico clínico, mantener hábitos saludables que, no solo ayudan a disminuir el riesgo de cáncer de riñón, sino que también permiten prevenir otras muchas enfermedades. Algunos de estos hábitos son: no fumar, no tomar alcohol o reducir significativamente su consumo, comer frutas, verduras y alimentos con bajo contenido de grasa y, por supuesto, hacer actividad física regularmente.

Quiero destacar al ejercicio físico como una de las más importantes medidas de prevención. La ciencia ha demostrado en distintas ocasiones que los beneficios de hacer actividad física son múltiples, tanto en lo que respecta a la salud física como psíquica. En el caso del cáncer de riñón, se han realizados estudios que demuestran que la actividad física puede reducir el riesgo de contraerlo hasta en un 22%. Incluso en pacientes que ya tienen cáncer de riñón, la actividad física ayuda a optimizar los resultados del tratamiento en un 15%, reduce la fatiga, ayuda a alivianar el impacto psicológico del mismo y mejora la calidad de vida en general. 

 

Actualmente, tres de cada cuatro pacientes con cáncer de riñón ni siquiera realizan la actividad física mínima recomendada, por ello este año en el marco del Día Mundial del Cáncer de Riñón la consigna de la Coalición Internacional contra el Cáncer de Riñón (IKCC por sus siglas en inglés) será destacar los atributos de la actividad física a partir de lema “tenemos que hablar de la actividad física”. A esta consigna se sumarán a nivel local organizaciones como la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC), la Fundación para la Investigación, Docencia y Prevención del Cáncer (FUCA) y la Asociación Argentina de Pacientes y Familiares VICARE y Bristol Myers Squibb.

Por último, en todos los cánceres, una detección temprana puede mejorar la posibilidad de éxito del tratamiento y los resultados a largo plazo. Recordá estar atento/a a cualquier síntoma nuevo que persista (dolor o presión en el costado o la espalda, un bulto en el costado o la espalda, hinchazón de los tobillos o las piernas, sangre en la orina, presión arterial alta, para mencionar algunos). Y, si pertenecés al grupo etario (más de 50 años) o al sexo (varón) con mayor incidencia de este tipo de cáncer; o si padecés alguna enfermedad renal crónica, pedile a tu médico de cabecera hacer los estudios correspondientes para detectarlo (análisis de sangre / orina y ecografía de riñón, como punto de partida) y no dejes de incorporar los hábitos saludables mencionados.

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